8/09/11

NÉMESIS (Mondadori 2011, 207 pp)

CUANDO LA MALDAD BRILLA


Imagino lo difícil que debe ser llevar el mismo camino que el  terror, resistirse, padecerlo y sobrevivirlo sin elección, sufrir sus consecuencias o revelarse humanamente contra ellas pero nunca evitarlas porque es imposible. Némesis,  la reciente entrega de Philip Roth, a través del protagonista Bucky Castor, nos enfrenta vívidamente a una espantosa epidemia de polio en Newark con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo. Y es que uno de los mejores rasgos de esta novela es justamente lo palpable y amenazador que se hace “el camino” de la tragedia. Esto y la asombrosa claridad y concisión con que ha sido escrita.
Lo inevitable recordándonos a cada instante lo frágil que es nuestra especie, lo complejo de nuestros sentimientos, la vulnerabilidad de nuestra fe. Bucky es un judío veinteañero que arrastra la muerte de su madre durante el parto, su padre fue un ladrón que lo dejó al cuidado de sus abuelos, reniega el no haber podido enlistarse por una deficiencia óptica y, mientras sus amigos combaten en el frente, él enseña deportes al aire libre en una escuela de verano. Es decir, tiene que cargar, además, con su tragedia personal. Y por si fuera poco, los primeros brotes de polio en Newark aparecen pronto en su escuela. Sufre la impotencia de ver a los niños que corrían libremente a sus cuidados, morirse entumecidos en sus camas a la vuelta de los días, o bien permanecer atrofiados indefinidamente. Ese año, 1944, la epidemia sería mucho peor que en los años anteriores. Entonces todavía no se había descubierto una vacuna contra la polio y se sabía demasiado poco sobre ella. Todo posible foco de infección era sospechoso, multiplicado por el calor abrasador de aquel verano. Se culpaba a los gatos, a las moscas, a los italianos,  al retardado del barrio pero sobre todo, al desgaste de los niños esforzándose bajo el sol. La escuela de Bucky fue finalmente cerrada y su prometida le propone que fuera con ella a las montañas, a enseñar a una escuela donde la polio no los alcanzaría. Para ello Bucky tendría que dejar a su abuela enferma a los cuidados de sus vecinos, abandonaría también a sus alumnos, quienes lo veían como un héroe pero, ¿qué más podría hacer?

Me parece que fue Piglia, en sus “consejos” literarios, quien recomendaba el formato del cuento para desarrollar una historia o  trama  interesante con personajes más bien accesorios, y la novela si lo que se tenía era al menos un personaje complejo, influyente, atractivo.  Némesis es una novela que posee una virtud extrañísima en el género: ser a una misma vez una “historia de personajes” (en este caso el entrañable y apesadumbrado Bucky Castor) viviendo en una “gran historia” (una terrible epidemia de polio). Es una novela breve donde parece imposible extraer tal o cual elemento sin que el conjunto pierda equilibrio. Y, de otra parte, la historia misma parece inimaginable sin la presencia del joven Bucky Castor, y de aquel misterioso narrador que termina de enriquecer sorpresivamente el argumento sobre el final. ¿Quién está narrando la historia?, ¿por qué y cómo es que sabe tanto?, me preguntaba mientras leía. El mejor Roth, aquel que mira al mundo desconfiadamente y con cierto rencor pero también con soberbia y rebeldía (acaso me estoy refiriendo a Indignación para no retroceder mucho) sale a flote de manera impecable cuando bien pudo quedarse empantanado en el fondo, atorado en digresiones (que funcionan a la perfección en el “Tristram Shandy” de Sterne y son la marca personal de Javier Marías, por ejemplo) evitando a su vez ser morbosamente descriptivo. Construida con un lenguaje en apariencia austero (“el centro había pasado de cuatro a siete casos de la noche a la mañana”), Némesis parece debatirse a cada instante entre el deber o el amor, entre el bien y el mal, entre el yo y el mundo pero principalmente entre la incompetencia y sabiduría de Dios (“un día el Dios de Marcia la traicionaría y también le clavaría un cuchillo en la espalda”), dudando, refutando y renegando a cada instante pero siempre avanzando, tomando partido por la vida (“¿Cree todavía en ese Dios al que menosprecia?”, le preguntan a Bucky y éste responde “Sí. Alguien ha tenido que hacer el mundo”).

Impregnada de un pesimismo que parece haber cobrado brillo propio (un brillo tétrico, es cierto, al que cada vez resulta más fácil acostumbrarse), Philip Roth deja claro, en Némesis, que no bastan las plegarias ni tan siquiera ignorar la injusticia y la maldad para alejarlas de nuestras vidas, y menos valen ya las decisiones correctas ni tampoco alcanza con ser inocentes y menos parecerlos.  Una extraordinaria novela, hermosa e inteligente, donde todo se pone a prueba, incluso nuestras certezas. 

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