25/12/06

EL MAR DE MARTÍN ADÁN

Una de las noticias más hermosas que he recibido en estas fiestas, es la que he leído hoy en El Dominical acerca de la publicación de la obra completa de Martín Adán, uno de mis poetas preferidos; incluso incluirán en dicho volumen registros sonoros de la desvelada voz del poeta leyendo algunos de sus poemas; la nota dice que Hasta ahora, hallar la poesía de Martín Adán era cosa de detectives literarios. Haciendo trabajo de arqueología entre los anticuarios, quizás el apasionado de la poesía podía toparse, con mucha suerte, con La casa de cartón de la colección de Biblioteca Peruana de Peisa, Editorial Juan Mejía Baca, publicada en 1974. A este pequeño volumen en prosa (concebido entre 1924 y 1927, época de plena vanguardia), se podía sumar Poemas escogidos, (Mosca Azul 1983), Diario de poeta (Inti Sol Editores, 1975) y su Obra poética (INC, 2da. edición, 1976). Con mucha complicidad del destino, la edición de la Obra poética de Edubanco (editado por Ricardo Silva-Santisteban por encargo de Mejía Baca), que reunía toda su obra conocida hasta 1980. Con mayor suerte algunos otros tomitos que resguardan los textos más rebuscados del poeta. El diagnóstico era evidente: hacían falta libros de Martín Adán. "Hemos incluido, también, un nuevo fragmento largo y desconocido del Aloysius Acker -concebido hacia 1931 y destruido por el autor en 1934-, así como poemas que aparentemente pertenecían al proyecto de libro que encarnaba Aloysius Acker", señala el editor (...)

20/12/06

EL TORITO GÓMEZ


Recuerdo que el año pasado pude ver en una muestra de cine de Trujillo un cortometraje que me pareció bastante destacable tanto por sus cualidades visuales como por su carácter argumental; y esto no es algo común de apreciar en nuestro cine, menos todavía en cinco minutos y realizado por un joven estudiante universitario. Recuerdo, además, que aquel cortometraje titulado EL TORITO me pareció el inicio de un proyecto mayor cuando no el extracto de uno, y en todo caso me dije que Antolín Prieto, su director, vuelto amigo mío al tiempo, tenía un modo particular de ver la calle y sus habitantes. Luego vinieron varias reuniones en las que charlamos al respecto, pues es un tema que yo comparto en mi narrativa. En fin. Por aquellos días me animé a dejarle un tímido comentario en su blog al respecto de su corto, en que le decía: El tipo en la maletera creo que encierra el verdadero espíritu del torito. El héroe rebelde que no puede salvarse a sí mismo. Encerrado en una soledad tan ficticia que le es arrebatada por la transitoria compañía de los pasajeros y sus fantasmas. Quizás por ello es que has preferido mantener en silencio a los que viajaban en el taxi, para otorgarles la calidad de aparecidos; los mismos que se encargan de pintar algunas de las más comunes personalidades urbanas. Bien, hace unos días me he enterado que el pasado fin de semana en el Sargento Pimienta de Barranco se ha llevado la premiación del Primer Festival de Cortometrajes Estudiantiles y adivinen qué: EL TORITO obtuvo el primer lugar, según lo resalta el diario La República en nota de prensa: El cine nacional tiene nuevos valores. La noche del sábado en el Sargento Pimienta de Barranco se llevó a cabo la premiación del Primer Festival de Cortometrajes Estudiantiles. De un total de 60 producciones en competencia resultó vencedor El Torito, realizado por Antolín Prieto, un joven estudiante de la Universidad Privada Antenor Orrego (UPAO) de Trujillo. La trama es sobre la particular forma de ver la vida que tiene un taxista. Una buena historia contada en solo cinco minutos.

Mis sinceras felicitaciones a Antolín Prieto por este premio que tuvo como jurado a Francisco Lombardi ("Mariposa Negra"), Gustavo Bueno (destacado actor nacional conocido por su papel en "La Cuidad y Los Perros") y el joven realizador Eduardo Mendoza ("Mañana te cuento"). EL TORITO anda colgado en el blog de Antolín y ustedes mismos podrán sacar sus conclusiones, salvando las molestas pausas del servidor de YouTube.

12/12/06

PRIMER PASO HACIA LA MAFIA


Si no seremos caprichosos. La última y buena película de Martin Scorsese, “Los Infiltrados” (The Departed, 2006), está en cartelera, y nosotros reseñando su ópera prima de 1968 “Who’s that knocking at my door”; donde el “that” metido inusualmente en el titulo hace referencia al apelativo “eso” con que uno de los protagonistas bautizaba a algunos amigos suyos. Como referencia, debo citar que en 1946 los críticos franceses Nino Frank y Jean-Pierre Chartier descubren una avalancha de filmes norteamericanos rodados en un estilo particular que califican de noir, bautizando así dicho género para la posteridad. Vale decir que el llamado cinema noir tocó su cúspide en 1950 con más de 30 producciones de estudio, incluidas “La Jungla de Asfalto” y “El Demonio de las Armas”, y para 1968 ya estaba declinando, donde lo más reciente era una película de transición del director británico Jhon Boorman (A Quemaropa, 1967) con un protagonista noir en Los Ángeles post-noir. Esto para decir que un joven Martin Scorsese se había nutrido de este tipo de cine, que por lo general venía empujado por ese mismo tipo de literatura (Raymond Chandler con “Adiós, muñeca”, antes Dashiell Hammett con “El Halcón Maltés", y ni qué decir de Hitchcock). Así, el debut fílmico de Scorsese es una película que ya mostraba las preocupaciones de su director en lo referente a materia de ficción: el enfrentamiento moral entre lo cotidiano y lo personal, entre lo violento y lo conservador que se doblega por códigos de silencio, la difícil y agitada vida en los suburbios, la vocación por ser gregario y festejarse en ritos callejeros, el sexo clandestino, el alcohol, las fallidas relaciones de pareja, el poder y la negación o aniquilación del tedio en busca de una efímera felicidad son algunas motivaciones scorsesianas que de alguna manera, esbozadas con más intuición que arte, se atisban en su interesante debut cinematográfico con apenas 26 años. Preocupaciones que lo seguirían y se multiplicarían a lo largo de su filmografía junto a otras manías, vicios, temores e interrogantes (como lo son la Iglesia y los cowboys y perturbadoras presencias femeninas: la pequeña Jodie Foster en “Taxi Driver” y Sharon Stone en “Casino”), las mismas que planteadas en “El Aviador”, formaron quizás el escollo más grotesco e insufrible de su carrera, no obstante hubieron plasmado películas memorables como “Toro Salvaje”, con un Robert De Niro insuperable que ahora Scorsese parece querer remplazar con Leonardo Di Caprio, de buena performance en “The Departed”.

Who’s that knocking…” narra las mataperradas de un trío de jóvenes de los barrios bajos de Nueva York: Joey (Leonard Kuras), Rally Gaga (Michael Scala) y J.R. (un Harvey Keitel espigado, pero con el rostro duro que todos le conocemos). Joey es dueño de un deslucido bar que usan como centro de operaciones y además, el líder de aquel trío de jóvenes prospectos de criminales, que en realidad no tienen mayores enfrentamientos que peleas con otros muchachos y entre ellos mismos (no recuerdo haber visto policía alguno). Estas situaciones, más traviesas que bárbaras, se van sucediendo y entremezclando a manera de flash-backs episódicos con la contraparte de J.R.: sus padecimientos sentimentales y éticos a causa de su enamoramiento con una hermosa muchacha cuyo pasado, lejos de redimirla, parece condenarla. Tratadas a la manera de “vasos comunicantes” ambas historias discurren en paralelo; no obstante la “historia de amor” es la que goza de mayor protagonismo, y la otra le sirve de distracción, de arquitectura y de coqueteos con una atmósfera noir. Así, Scorsese nos introduce en una forma de violencia más personal, más sicológica que corporal: la que se desata en el interior de J.R. ante la imposibilidad de plasmar una vida promedio en brazos de su chica, sabiendo que también se debe a los usos de la calle y a los prejuicios que lo invaden. Apreciamos a J.R. y nos parece un Travis en formación, siempre conversador e inseguro cuando trata con mujeres, hablando de películas de John Wayne que le sirven de soporte visual a Scorsese para vincular “Who’s That knocking…” con el mundo de las detonaciones y las armas. Aunque si de cultivos de futuros personajes scorsesianos quisiéramos hablar, yo me remitiría a “Malas calles”, una película suya aparecida en 1973 al año siguiente del estreno de la obra maestra de Ford Coppola, “El Padrino”, que retrataba la mafia como una institución basada en loables virtudes: la lealtad, el honor y la solidaridad. De otra parte, “Malas calles” contaba con un paupérrimo presupuesto y un par de actores estelares entonces desconocidos: Harvey Keitel (nuestro J.R. en “Who’s that knocking...”) y Robert De Niro. A diferencia del esplendor mafioso apreciada en “El Padrino”, “Malas calles” reflejaba la vida de la clase trabajadora de la mafia italiana en Brooklyn, acaso menos opulenta y más creíble, en que los pecados se pagaban fuera de casa y con la vida y no con genuflexiones en alguna iglesia.
Con la música de “The Doors” como fondo, una de las mejores secuencias del debut de Scorsese es la que nos muestra una sucesión de desnudos bien estilizados, a manera de instalación de cuerpos-objeto cual si fueran piezas de arte, en que se empiezan a delatar sus gustos por los planos en movimiento y la contraluz, en que no pudo evitar contagiarse de los encuadres angulares de la época. Sin embargo, y ahora con la gracia de hablar desde el siglo XXI, podemos afirmar que la ausencia de buenas actuaciones y aun lo tímido del argumento se debió más a una cuestión de novatos que a falta de talento, pues “Who’s that knocking…” cuenta con varios arranques de espontaneidad que por momentos nos parecían sobreactuados, más cuando aquel trío se juntaba a divertirse. Así mismo, he hallado la que quizás sea la frase que mejor define el cine de Scorsese (o su cine de mafia), pero no en la película con que debutó, sino en la crónica “Uno de los nuestros” (también aparecida luego de una película de Coppola: la tercera y última parte de “El Padrino” en 1990), en que Jimmy (Robert De Niro), luego de haber detenido el auto en la autopista, abierto la maletera y dispararle varias veces a un tipo envuelto ahí, nos hace llegar su voz en off diciendo: “Desde que tengo uso de razón siempre he querido ser un gángster…”

6/12/06

EL PRIMER FASSBINDER



A manera de escueta antesala a lo que será el bizarro ciclo de cine “Ver o Morir” en El Cinematógrafo de Barranco, cuya cartelera colgada en Cinencuentro causa asombro, agradecimiento y admiración entre los cinéfilos por la apuesta por un cine de difícil acceso y mesas de diálogo planteadas en cada proyección, me animo a hablar de uno de sus agasajados: Rainer Werner Fassbinder.

Fassbinder es considerado uno de los más grandes directores del Nuevo Cine Alemán. Caracterizado por una inteligente mezcla de arte y entretenimiento, fue polémico desde sus planteamientos estéticos y desarrollo argumental de corte subjetivo, no obstante bañado de una controversial vida personal, logró hacerse del cariño del público no sólo en su Alemania original, sino también en toda Europa. Tanto así que a su muerte a la temprana edad de 37 años debido a un paro cardiaco causado por el abuso de somníferos en 1982, muchos consideraron el fin de una era en el cine de Alemania. Reunido con un grupo de amigos en 1968, entre los que se cuenta a la que sería su diva, Hanna Schygulla, funda el colectivo de actores Antiteater con que busca presentar trabajos heterodoxos y de connotaciones políticas a través del teatro, el cine y la televisión. Así, su primer largometraje no se hace esperar mucho y en 1969 aparece Liebe ist Kälter als der Tod, algo así como El Amor es más frío que la Muerte, compitiendo en el Festival de Berlín de aquel año, pero pasando inadvertido.

Su ópera prima en blanco y negro viene a formar parte del llamado cinema noir, y por ello viene con marcadas influencias de la nouvelle vague; no en vano figuran Chabrol y Rohmer en la dedicatoria, aunque yo percibo más al Godard de Alphaville: más en la dinámica de las tomas que en los encuandres frontales a cámara congelada, y aun en los travellins. "El Amor es…” narra la historia de un triángulo juvenil formado por una pareja de delincuentes (Fassbinder y su querida Schygulla) y un asesino de sangre fría que conocieron mientras eran prisioneros de un mafioso mayor. Pronto esa amistad se consolidará al punto de protegerse y tratarse cual si fueran hermanos, pese a que la hermosa jovencita, una requerida prostituta, tenía ya otros planes con su pareja mucho antes de que el par de nuevos socios pensara en el atraco a un banco. Con diálogos escuetos y elipsis apresuradas, en contraparte de las largas tomas a cámara quieta, Fassbinder nos muestra linealmente una sucesión de eventos que parecen inevitables en el destino de sus personajes, en situaciones exageradas por momentos, queriendo denotar la importancia de lo individual del pensamiento y su conflicto con el orden establecido. A su vez, mostrar también que todo entramado, proyectado de una parte u otra, también corre el riesgo de venirse abajo en cualquier momento; más todavía cuando las conspiraciones brotan, golpeándose entre ellas. Un debut que, a pesar de sus limitaciones argumentales y sus datos escondidos que parecieron sacados de la manga a última hora (llamadas telefónicas, obvios policías que pasaron desapercibidos), mostraba ya a un Fassbinder inquietante y de vocación perturbadora.
Al año siguiente, en 1970, su segunda película Katzelmacher (un melodrama que muestra las relaciones de 4 parejas y un obrero griego) lo reivindicaría con la Crítica en forma de varios premios, incluido el Premio Nacional de Cine de 1970. En ese año Fassbinder sorprendería con una inusitada productividad, pues produciría algo de ocho filmes de diversas calidades y propuestas, así como trabajos para el cine y el teatro. Filmes suyos entrañables para mí son Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1971) en que retrata la fragilidad de las relaciones amorosas mermadas e incluso trastocadas por la ambición, la codicia y lo ilusorio. Así también lo es El Matrimonio de María Braun (1979), tildada por él como su película más hollywoodiense (no tanto por lo argumental como por lo estético, creo yo), una película de personajes en la que la protagonista María, una decidida e inteligente mujer (encarnada por una madura Hanna Schygulla), se propone hacerle frente a su miseria y en ello nos conduce por los dramáticos intersticios de una Alemania de posguerra que atosiga de desgracia a sus habitantes, llevándolos a hundirse en terrenos insospechados. La moral y el doble juego de lo prohibido y lo tentador, lo indefinido de los límites entre lo normal y lo demencial, la siempre incomprendida condición humana son algunas de las motivaciones presentes en su filmografía; aunque de todas ellas la que descuella es la forma de la muerte como frívola esperanza de lo vano y acaso como el sendero que el propio Fassibnder, finalmente, recorrió.

4/12/06

MIRADAS DE CUBA

No sé por qué pensé que ya les había informado de lo siguiente; tremendo descuido de mi parte.
Gabriel García Márquez dirige en Cuba desde hace buen tiempo la "Escuela Internacional de Cine y Televisión San Antonio de los Baños". Esta prestigiosa institución edita en la Internet una variada, ambiciosa y didáctica revista sobre lo audiovisual llamada MIRADAS, cuya estructura está dividida en amenas secciones que abarcan desde teoría audiovisual pasando por artículos de crítica y ensayos hasta el mundo de los blogs de cine en latinoamérica (hay un texto mío sobre cine uruguayo que en su momento publiqué en este blog). Bueno, después de la presentación formal les digo que desde el pasado mes de noviembre formo parte del equipo de escritores de MIRADAS, donde por lo general publicaré en la sección OJO CRÍTICO, que ya cuenta con mi primera colaboración: Cortázar en el cine, cuyo gorro me entero que dice Como sabemos, Julio Cortázar (1914–1984), a pesar de su trascendental novela Rayuela, aparecida en 1963, es considerado más cuentista que novelista. Y quizás por ello prefirieron sus relatos para llevarlos al cine; es decir, por el formato del cuento, por sus estructuras, por la exquisitez de sus relatos y porque siempre en ellos, como lo dijo Vargas Llosa en el prólogo a sus Cuentos Completos, “juega el autor, juega el narrador, juegan los personajes y juega el lector”, a lo que yo le agregaría “juega el director”, aunque no siempre el espectador. Les confieso que lo que motivó dicho artículo fue una pesadilla que tuve en esos días, la misma que trataba sobre una noche en que acudía a un cine inhóspito al estreno de Rayuela, del que salí cargado en brazos de enfermeros, trastornado por la catástrofe que había presenciado; y entonces me animé a especular, entre otras cosas, en una posible versión de Rayuela que fuera, en todo caso, menos dañina a mis suceptibilidades. Les recomiendo que no dejen de leer en la misma sección un texto (que no es mío) bastante inteligente sobre uno de mis directores favoritos, titulado Tres claves para leer a Kiarostami, que dice La filmografía del director iraní es una permanente búsqueda de la reconciliación de las polaridades separadas por el pensamiento instrumental que ha dominado tanto Oriente como Occidente. Es una celebración del esplendor, imprevisto y azaroso, de la realidad. El cine de este singular artista narra historias al margen de toda determinación causal o teológica. Surge del desencanto de lo divino para reencantar lo cotidiano, oscila permanentemente entre la inmanencia y la contingencia. Y está muy mal que sea yo quien lo diga, pues ahora ando metido ahí, pero ustedes juzgarán su contenido, MIRADAS, como lo es la revista madrileña KANE3 que les recomendé en su momento, son publicaciones que merecen la atención de los cinéfilos.