Cerrando el año y no hay mejor final feliz que el que amenaza con prolongarse, los dejo con el novísimo blog de una de mis mejores amigas, bien chido, como dice ella, más mexicana que el taco y el tequila, inaugurando con un post de ensueño, literalmente, puesto que el tema son las hadas, ahora rondando por su
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31/12/05
27/12/05
ADIOS MADRID

Hace dos noches, ambulando solitario en la madrugada del 25 de diciembre, quizás negando lo que hacía mucho se había confirmado ante mis ahora breves recorridos por las mismas calles y avenidas, entendí, finalmente, que somos habitantes de otro tiempo cuando no de otra realidad. Las iglesias evangélicas y congregaciones religiosas se han apoderado de los cines de barrio, de algunos colegios y bibliotecas ya no sólo en el Rímac, también en los distritos en los que los primeros cines, caso del Orrantia y San Isidro, han sido vilmente vencidos por la modernidad y el olvido. A la espalda de Palacio aún se yergue la estación ferroviaria, pero ya no podemos recorrerla libremente, pues los soldados lo impiden luego de que desde ahí cerca, años atrás, se lanzara una granada terrorista al patio de Pizarro. Entre los edificios de la Unidad Vecinal apenas pude caminar, puesto que esbeltas rejas protegían aun los más miserables corredores. Luego el consejo de una apesadumbrada pareja de custodios, que se sorprendió de verme caminar bajo la noche y entre los edificios cual si esto fuera un soleado bulevar. Vuelva a su casa, señor, que es Noche Buena y no tiente al diablo, que allá atrás, dos muchachos lo han estado siguiendo.
COMING SOON
21/12/05
ENTREMÉS
Afiche del Festival de 2004, donde Farenheit 9/11 se alzó con la Palma de Oro
1960* (Simenon es uno de mis escritores favoritos y Fellini lo mismo, en el cine)
Palma de Oro: "La Dolce Vitta" de Federico Fellini
Gran Premio del Jurado: "La Aventura" de Michelangelo Antonioni y "Kagi" Jules Dassin, "Jungfrukallan" de Ingmar Bergman, "La Balada del Soldado" de Grigori Tchoukhari.
Presidente del jurado: Francoise Sagan.
Palma de Oro: "Apocalipsis Now" de Francis Ford Coppola y "El Tambor de Hojalata" de Volker Schlondorff.
2005*
Presidente del jurado: Emir Kustorica.
Palma de Oro: "L'enfant" de Jean-Pierre y Luc Dardenne.
Gran Premio del Jurado: "Broken Flowera" de Jim Harmush (una joyita del cine moderno).
Mejor Director: Michael Haneke por "Caché"
Participaron: "A history of violence" de David Cronengberg, "Manderlay" de Lars Von Trier, "The Last Days" de Gus Van Sant, "Don't come knocking" de Wim Wenders, "Shangai dreams" de Wang Xiaoshuai.
* Extraído de la revista Godard!, Julio 2005.
19/12/05
SONO UN GRAN BUCARDO

"Soy un gran mentiroso", extractos de una entrevista a Federico Fellini (1920 - 1994) para la televisión italiana.
La espontaneidad es la esencia de la vida. El conocimiento de todo, en un creador, limita a la belleza, a la obra, encierra a ese flujo poderoso que es la espontaneidad.
Existe una necesidad de interpretación de la vida, que sin significado, sin sentido, resulta imposible, monstruosa. En el arte se posa todo, por eso vamos ahí.
Cinismo afortunado de tipo creativo. Con la presencia de la muerte: miedos, deudas, dudas, terrores todo se convierte en material para contar una historia.
No tengo sensación del tiempo que pasa cuando desarrollo mi existencia en torno a un film.
La improvisación no tiene que ver con la creación artística, es una palabra irritante; yo creo en la disponibilidad hacia algo no delineado.
Durante las dos primeras semanas yo dirijo el film. Luego de ello el film me dirige a mí.
El cine es la expresión artística que más se parece a la vida, por eso necesita de presición, exactitud y sorpresa.
Un pintor no le encarga a otro que le dé unas pinceladas al cuadro que el primero está pintando; por eso yo ayudo a los camarógrafos; coloco el objeto aquí, cambio una cortina, quito un cuadro, elijo la pintura y las flores, etc.
¿Cuál es el componente principal de un cuadro? La luz. Sucede igual en el cine, en las escenas.
No creo en la libertad total de la creación. Un artista, psicológicamente, necesita transgredir, y para eso necesita un padre, un policía, la política, un director.
El contador de historias no cree en ese hilo que divide el pasado del presente y del futuro. Cuando crea su pequeño universo, crea todo; no sólo la geografía, la topografía, la arquitectura y los personajes, sino también, el tiempo.
El hombre no puede prescindir del miedo, sino sería un robot, un objeto. El miedo es el sentimiento imprescindible de la humanidad.
FESTIVAL DE CINE DE LA HABANA

Concluyó la 27º edición del Festival Internacional del nuevo cine Latinoamericano de la Habana, que reunió a casi medio millar de espectadores durante los 11 días que duró. Ya todos conocemos la buena salud de la que goza el cine argentino, que en esta ocasión se hizo del galardón principal:
Primer Premio Coral, con el film Iluminados por el fuego, del argentino Tristán Bauer ("narra los recuerdos de Esteban Leguizamón, un hombre de 40 años que, en 1982, cuando tenía tan sólo 18 años, fue llevado como soldado conscripto a combatir en las Islas Malvinas"). El mexicano Felipe Cazals obtuvo el segundo lugar con Las vueltas del citrillo y el tercer premio fue para En la cama, del chileno Matías Bize, mientras que Cuba, en su condición de local, se hizo presente al alzarse con el premio especial del jurado, con Barrio Cuba, de Humberto Solás.*El cartel pertenece a uno de los que concursaron en el festival, el mismo que a pesar de no ser el mejor gráficamente, luce el título que más me gustó "De cuando la muerte nos visitó".
14/12/05
LA INOCENTE CULPABILIDAD

VERA DRAKE
(Reino Unido - Francia, 2004)
Cuando un secreto es sepulcralmente escondido durante tanto tiempo, corre el riesgo de ser olvidado o de parecer que su divulgación ya no representa peligro. El secreto de Vera Drake era atesorado, además de sus ocasionales y clandestinas pacientes, por una falsa y oportunista amiga que, al ser arrinconada por la policía, no demora en traicionarla. Imelda Staunton (Vera Drake) encarna un protagonismo de tal fuerza dramática, de tal convicción y realismo que sostiene, sin atisbos de tropezar, el raudal de sensaciones encontradas que envuelve al film.
Ambientada en la Inglaterra de los años cincuenta, con las heridas de la Segunda Guerra Mundial aún sin cerrar, VERA DRAKE nos instala en la humilde pero intensa vida de una familia proletaria: Vera, una sufrida pero feliz trabajadora doméstica en casa de ricos, atiende, además de su familia, a su madre vieja y enferma. Su esposo Stan, un orgulloso mecánico, trabaja en el taller de su hermano; Sid, el hijo mayor, un mozo dado a las mujeres y al trabajo, labora en una sastrería y la menor, Ethel, su desagraciada y tímida hermana, condenada a la soltería, es empleada en una fábrica donde prueba bombillas. El frágil castillo de naipes que había construido Vera con su tesón y ternura, con la inmaculada reputación familiar (“pobres pero honrados”, "tenemos tanto que agradecer"), el mismo que albergaba a su bien más preciado: su familia, pronto se vendría abajo con el descubrimiento de su alterna ocupación ad-honoren, a la que ella jamás se refirió como “abortar”, sino como “ayudar”.
Como se han percatado, es un film cuya estructura está dividida en dos, partida por un hito: el descubrimiento del secreto de Vera Drake. Una primera mitad impecable, de recorridos suaves y encuadres que parecieran no tener prisa, paneos que siguen a los personajes, lo que éstos miran, lo que tocan, lo que no pueden palpar. Primeros planos encargados de expresar, cómplices con el espectador, el carácter de los enfocados. Los diálogos y el lenguaje minimalistas y bien cuidados, necesarios para hacernos saber que dichas personas no son mudas, y cuya carga emotiva está planteada al convertir al espectador en una especie de voyeur del mundo que ellos habitan y el modo en que lo hacen. VERA DRAKE es una producción que explota en forma sobresaliente los interiores, y con esto derrama la magia de los colores propios de lo vetusto, sin brillo, que encierran tanta vida como melancolía y en ello, el tratamiento clásico de las imágenes (fotografía) a contraluz. El trabajo visual se mantendría en la segunda mitad, los padecimientos de Vera, mientras que el hasta ahora bien cuidado trabajo verbal, cedería ante unas situaciones innecesarias, cuando se les otorga voz a algunos personajes (caso del hijo o del nuevo yerno) para que expongan sus puntos de vista. Cuando abordamos el “equilibrio” en una historia, no nos referimos (aunque a veces esto funciona, como en el caso de los filmes de superhéroes) a que halla partes proporcionales y antípodas en ella; sino, a que habiten dentro de un mismo entorno dramático personajes que puedan ser capaces de disipar o de contener un estado de carga. Me refiero a la jorobada y demacrada hija de Vera, Ethel, triste al comienzo, mejorada luego de que se comprometiera con un vecino bobalicón. Aparte del extraordinario parecido físico, misma tensión en los gestos y símil expresión, ve su mundo interior vuelto añicos en el momento en que la desgracia y el oprobio carcomen a su madre; justo en el momento en que la vida de Ethel pareciera vislumbrar un ápice de felicidad femenina, el de Vera, y por consiguiente el de ella y su familia, empieza a hundirse en un oscuro y profundo abismo a causa del secreto descubierto. VERA DRAKE pone en alto relieve la convivencia con lo inconcluso, con aquello que nunca terminará de formarse a no ser para alejarnos de aquel ideal añorado, como lo es la felicidad.
Definitivamente una de las mejores películas que se han proyectado en salas limeñas en 2005 y ojalá que pronto la distribuyan en provincias. Aunque a más de uno no le acabará de gustar el final, para mí es uno de los finales esperados mejores "cerrados", si cabe el término, en el que el director, Mike Leigh, reafirma su gusto de realizador personal, uno de los pocos que quedan. VERA DRAKE es del tipo de historias en las que a pesar de saber qué es lo que sucede desde antes de recorrerla (tal es el caso de “Crónica de una muerte anunciada” del Gabo; o “La Muerte de Artemio Cruz” de Carlos Fuentes; o “La Muerte de Iván Ilich”, de Tolstoi, aunque tratadas en diferentes contextos) queremos saber cómo es que acontece y más aún, en qué degenera. El hilo narrativo, al hermanarse con el móvil de la historia, genera la tensión necesaria para disimular cierto espasmo que pareciera apoderarse por momentos de la trama, sobre todo en la primera mitad. Por otra parte, es una película que toca un tema picante hoy en día, el aborto, planteado a mitad del siglo pasado. Decir que Vera Drake “ayudaba” a las muchachas a no padecer una vida indeseable, al practicarles un aborto, sería tan válido como aseverar que estaba poniendo en peligro la vida de esas mujeres y que estaba matando a un futuro bebé. El tema es controversial. Tenemos la polémica sobre la “píldora del día siguiente” además de que un bebé es tal desde que tiene cierta edad y mejor no nos metamos en líos y disfrutemos de esta buena producción que, aparte de darnos en el gustito por la estética y las buenas actuaciones, nos pone a pensar. Dicen que del odio al amor sólo hay un paso; luego de VERA DRAKE, diría que de la inocencia a la culpabilidad, existe otro bastante pequeño.
Acerca del director: “El escritor y director Mike Leigh nació en 1943 en Salford. Estudió en la Real Academia de Arte Dramático de Camberwell, en la Escuela Central de Arte y en la Escuela de Cine de Londres. Su primera película fue Bleak Moments (1971), seguida de diversas series para la televisión. Secretos y Mentiras y Topsy-Turvy tuvieron nueve nominaciones a los Oscar entre las dos. La última de ellas ganó dos de estos premios junto con la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes de 1996. Mike Leigh también ha escrito y dirigido alrededor de veinte obras de teatro, la más conocida de todas ellas es Abigail´s Party, que también dirigió para la televisión, y que recientemente se ha vuelto a llevar a escena en el Teatro Hampstead, donde originalmente se representó en 1977.”
5/12/05
RENZO Y LUCIANA - "BOCCACCIO '70"
Nótese que en el afiche no figura Mario Monicelli Sobre los antecedentes de “Boccaccio ‘70” ya hablamos hace un par de artículos. Ahora masticaremos un poco lo que éste fue, pero de la única manera en que se aconseja comerse un dinosaurio: por pedacitos.
“Boccaccio ’70” congregó a cuatro de los mejores directores italianos de entonces: Mario Monicelli, Federico Fellini, Lucino Visconti y Vittorio de Sica. No sé si estaban al tanto, pero la versión de Boccaccio ’70 que circuló internacionalmente a comienzos de los sesenta, no incluía el aporte de Monicelli. Y esto no fue producto de ninguna censura, sino, que “Boccaccio ’70” era considerada demasiado extensa –200 minutos– y se acordó recortar una parte. Así fue que, debido al enfoque comercial, se suprimió el mediometraje de Monicelli, pues sus protagonistas no eran “productos consumibles”. La versión en DVD es la que reivindica el aporte de Mario Monicelli a este colectivo italiano, y quizás por eso es que abre la zaga.
Si ahora nos fuera planteado un film tan extenso, dudo que tuviera éxito, puesto que actualmente vivimos al vuelo. Mario Monicelli abre la película con Renzo y Luciana. Una historia en la que los protagonistas (no tan famosos como sus colegas Sofía Loren, Anita Ekberg y Romy Schneider), una joven pareja de empleados en la misma fábrica, deciden contraer nupcias y esto no tuviera nada de extraordinario, de no ser porque estaba prohibido que los empleados fueran casados. Persistiendo en la terquedad de su amor, lo realizan a escondidas, casi de modo clandestino. Luego de ello la historia cobra otro matiz, puesto que surgen los conflictos en lugar de las aparentes soluciones, tanto en la fábrica como en la tímida y casi inexistente intimidad de Renzo y Luciana. Peripecias. Mentiras. Sueños y frustraciones se muestran en el desarrollo correcto y depurado de los episodios, algo muy propio de Monicelli, que antes ya nos había revelado su vocación de esteta en “Rufufú” (I soliti ignoti, 1958). No olvidemos que fue nominado en tres ocasiones al Oscar y en 1991 se le otorgó el León de Oro a la Carrera Cinematográfica. Otro film entrañable y considerado lo mejor de la comedia italiana es “La Gran Guerra” (La Grande Guerra, 1959, León de Oro en Venecia y nominada al Oscar). Así, “Renzo y Lucía” es un pretexto para ridiculizar el régimen industrializado que respiraba el camino hacia la modernidad. Se observa al ser humano, luego de vencer los temores de las frescas guerras, convertido en una especie de prototipo de una casta deshumanizada, en la que los sentimientos tan propios del hombre, como el amor, son tratados de forma clandestina, al menos dentro de "otro régimen". Así, las tomas panorámicas referidas a la fábrica no hacen sino hacernos pensar en batallones de hormigas laboriosas y posesas. Como en la mayoría de las películas del Neorrealismo Italiano, la frescura de los diálogos es contundente, al punto de distraer la existencia de ciertos descontroles de orden técnico, aunque esto, es algo observable ahora, más de cuarenta años después. Un inteligente Monicelli que, a diferencia de Fellini, gustaba de los encuadres en los que parecía no acontecer nada, pues sólo se enfocaba, por ejemplo, la alianza matrimonial en un triste dedo, invitando, la toma, al devenir de las posibilidades del pensamiento, y no a la evolución de las mismas, mostradas en alterna realidad, como le placía a Fellini. Monicelli es maestro en disimular –no confundir con “disipar”– el tiempo transcurrido; es un director que no gusta del ripio, por eso los paneos son insinuados para luego ser cortados y sugerir una supuesta continuación desde una, ficticia, única perspectiva, imprimiéndole humanismo y dinamismo a las secuencias. Siguiendo a pie juntillas el estilo aprendido, los exteriores también fueron aprovechados, tal es el caso del hervidero humano que se reúne en la piscina pública, mostrando los usos de la época.
Renzo y Luciana retoza con el conflicto de las reuniones truncadas, los momentos nunca terminados de disfrutar. Dentro de ello, los inconvenientes emergen para confundir y distraer el engañoso único interés planteado al espectador: la verdadera reunión marital, como una pareja común y corriente de la vida real. Al final, son los sentimientos los que perduran por sobre las necesidades sociales y económicas, demostrando que el instinto del ser humano prevalece siempre, sin importar el desarrollo de la ciencia y las costumbres que el artefacto industrializador impone. “Renzo y Luciana”, junto a “El Trabajo” (il laboro) de Visconti, desde mi humilde parecer, son lo mejor de “Boccaccio ’70”. Monicelli nos brinda una muestra de vida que no por serlo, se atosiga en cursilerías. Luego abordaremos los otros tres mediometraje –acuérdense del dinosaurio–, no sin añadir que como resultado colectivo, “Boccaccio ’70” no es muy disímil de otros proyectos semejantes, como lo fueron “Amor y Rabia” (Amore e Rabia, 1968) de Pasolini, Lizzani, Godard y Bertolucci; “Historias Extraordinarias” (Histories extraordinaires, 1968) de Malle, Vadim y Fellini.
1/12/05
EN LA MIRA: VERA DRAKE
Cada vez que el termino del año arremete sobre nosotros, sacamos cuentas de todo tipo. En este caso, ya estaba pensando que el mes de diciembre, más aún en la época navideña, siempre es motivo para colgar otro film comercialón, que junte a la familia y etc. Noviembre culminó sin mucho alboroto, pues los estrenos, por decir lo menos, no fueron los esperados. Diciembre parecía heredar dicha racha hasta que saltó a la cartelera Vera Drake. Algunos la conocen como EL SECRETO DE VERA DRAKE y viene muy bien recomendada. Pronto le daremos caza y parece que retomaremos los comentarios. Mientras, para que vayan calentando la butaca, los dejo con algo de este drama que fue estrenado en el "primer" mundo el pasado mes de marzo. 