jueves, mayo 07, 2009
miércoles, abril 29, 2009
Ishiguro en corto
Leyendo la revista cultural “Ñ” me entero de una noticia muy grata para quienes gustamos del imaginario y la prosa de Kazuo Ishiguro, escritor británico de origen japonés. Se trata de su próximo y primer libro de cuentos: “Nocturnos: Cinco historias de música y anochecer”: Son cuentos cortos, pero no quiero que se publiquen por separado, divididos. Creo que no es algo muy razonable por mi parte porque seguramente funcionarían bien solos, pero siempre he pensado en ellos como formando parte de un mismo libro. Es una obra de ficción que resulta estar dividida en cinco movimientos. Pero eso no es todo. A los que también nos entusiasman las bellas formas del fracaso, la sólida perfección de lo invisible, es decir, todo lo que huela a Bartleby (y creo que Vila-Matas lo anotará en su momento en Dietario Voluble), nos han soltado un dulce: Uno de los cuentos, según adelanta The Guardian, tiene como protagonista a una norteamericana que pretende ser virtuosa del violonchelo. La mujer traba amistad con un joven violonchelista húngaro que se gana la vida tocando en cafés y al que aquélla da clase diariamente con la mayor seriedad e intensidad del mundo.
Un día, el joven se pregunta por qué su tutora no tiene un violonchelo, hasta que descubre por qué: En realidad no sabe tocar ese instrumento. Estaba tan convencida de su genio musical que creía que ningún profesor la satisfaría, por lo que, en lugar de correr el riesgo de que sus extraordinarias dotes quedasen empeñadas por alguna mínima imperfección, prefirió dejarlas sin realizar.
¿Será por eso que he postergado tantas cosas en mi vida? No, obvio que no. Quizás podamos reconocer en "Nocturnos" algunas de las maravillas de "Un artista del mundo flotante" de Ishiguro, aunque con el genio de la violonchenista sin violonchelo, ya tengo bastante.
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Oscar Pita Grandi
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lunes, abril 06, 2009
El verdadero Schindler
Una de las décadas inolvidables del cine moderno (y una de mis favoritas) es la década de los noventas debido a memorables películas de culto, convertidas ya clásicas por diversos motivos. Cómo olvidar al doctor Hannibal Lecter interpretado por un insuperable Anthony Hopkins en “El Silencio de los inocentes” (1991), a Williams Wallace encarnado por Mel Gibson en “Corazón Valiente” (1995), a Nicholas Cage enchamarrado en piel de serpiente como el psicópata enamorado Sailor Ripley enfrentado a Boby Perú en “Corazón Salvaje” de David Lynch (1990), a Keanu Reeves vestido de gabardina y gafas negras luchando en un paralelo mundo de pensamientos y sistemas de computación llamado “La Matrix” en 1999 como El Elegido: el hacker llamado Neo, y así una mediana y sustanciosa lista de películas. Y de ella, quizás una de las mejores, “La Lista de Schindler”, ganadora indiscutible de casi todos los premios de La Academia en 1993, interpretada por Lian Neeson en el papel estelar del empresario industrial naci Oskar Schindler, quien empleaba judíos en su fábrica como pretexto para salvarlos del holocausto. Esta producción dirigida por Steven Spielberg en 1993 está basada en una novela de Thomas Keneally llamada “El Arca de Schindler”. En la vida real Schindler salvó del exterminio a casi un millón de judíos durante el holocausto naci el siglo pasado. Hoy el diario El País de España da cuenta del hallazgo del original de una lista perteneciente a Schindler, redactada sobre el final de la Segunda Guerra Mundial, en la que se encuentra cientos de posibles sobrevivientes de entonces. Son trece páginas de papel frágil y amarillento que contienen los nombres y las nacionalidades de 801 judíos. Es el documento que ayudó a centenares de trabajadores judíos a escapar de los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial. Casi setenta años después, un investigador sostiene haber localizado la lista en una biblioteca de Sydney, entre las notas de trabajo del escritor Thomas Keneally, autor de "Schindler's ark”. (...) La lista fue mecanografiada a toda prisa el 18 de abril de 1945, durante los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, y compilada por Oskar Schindler, poderoso industrial alemán con carnet del partido nazi. Me pregunto qué otros papeles vinculados con aquella historia serán descubiertos y que pudieran interesar a Spielberg como material cinematográfico. Acaso ficcionar hallazgos que desaten otras historias, y que incluso pudieran corregir la Historia misma. Nadie lo sabe. Aunque lo más probable es que Spielberg se manifieste al respecto del hallazgo en estos días.
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martes, marzo 03, 2009
El Rey Pálido
Haberme perdido a David Foster Wallace, es decir, no haber leído en su momento “La Broma Infinita”, es de esos pesares que llevaré como un karma en mi vida. ¿Será que nunca es tarde para leerse un libro de 1100 páginas y otras 100 más de notas en estos días de locos? Quizás. Aunque de los "extensos" tengo en fila, por ejemplo,
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Oscar Pita Grandi
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lunes, marzo 02, 2009
Vila-Matas al cine
El cazador de "bartlebys" y confeso apasionado de Walser, Enrique Vila-Matas, verá su novela El viaje vertical adaptada al cine. La nota aparecida en El País el pasado fin de semana así lo confirma: La directora Ona Planas, forjada en la publicidad y el cortometraje, debuta en el largometraje llevando a la pantalla, por primera vez, el mundo del escritor. La película, homónima al libro de Vila-Matas, cuenta con Fermí Reixach y Jeannine Mestre en los papeles principales. Rodada en Barcelona, Sevilla, Cádiz y Mallorca, está producida por Mallerich Films, Miramar Producción y Jaleo Film, y cuenta con la participación de las televisiones autonómicas de Cataluña, Baleares y Andalucía. La tv-movie ha sido seleccionada para participar en la selección oficial del Festival de cine de Las Palmas de Gran Canaria.
Vila-Matas es uno de mis escritores preferidos no solo porque estamos hermanados en el culto a Robert Walser y a lo "invisible", sino porque su poética consigue despertar aquello que suele pasar desapercibido: el triunfo de lo simple y lo cotidiano en la naturaleza humana. El viaje vertical consiguió en 2001 uno de los más prestigiosos premios de novela en lengua castellana: el Rómulo Gallegos (antes obtenido por Mario Vargas LLosa, Sergio Pitol y Roberto Bolaño). El episodio que desata la historia de la novela (una travesía metafísica y geográfica a su vez) y la novela misma, nos es narrado por un personaje que cede su protagonismo a una persona-fantasma, convertido finalmente en el protagonista principal, Federico Mayol, quien "durante siete sesiones intensivas, fue reconstruyendo para mí la historia de su exilio". Como un tributo a Bartleby, el escribiente de Melville y a Wakefield de Nataliel Hawthorne, el “viaje vertical” de Federico Mayol empieza al día siguiente de celebradas sus bodas de oro con Julia, su esposa, "que estaba pelando guisantes en la cocina bañada por la luz", y le dice que le gustaría que se fuera de su lado porque "quiero saber quién soy, lo necesito". Así desaparecen "más de cincuenta años de dulzura y docilidad". Esperemos que sea bueno el debut como directora de Ona Planas y que su primer filme, basado en uno de los libros más leídos de Vila-Matas, eluda el hechizo de terca invisibilidad y extinción que rodea a los personajes del escritor catalán.
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viernes, febrero 27, 2009
Un Google para cinéfilos
Una idea estupenda. Leyendo la contra del diario Gestión de hoy, me entero de que el Consejo de Cine del Reino Unido ha lanzado un buscador de películas gratuito cuya finalidad es ayudar a los cinéfilos británicos a encontrar sus películas favoritas. El sitio de Internet www.FindAnyFilm.com es gratuito y contiene archivos con más de 30,000 películas, o alrededor de siete años de exposición, que son presentadas en 20 géneros y más de 60 idiomas. Uno se lanza a la caza de un film o un autor, y la página WEB nos indica si está disponible en cine, DVD (obvio, en tiendas del Reino Unido) o en algún formato para descarga por Internet (esto es lo que interesa). Incluso contiene alternativas de notificación que dan cuenta del momento en que la cinta buscada aparece disponible en el formato deseado, en caso no lo estuviera aún. Aunque el sitio todavía anda “abasteciéndose”, no deja de ser interesante. Si no tiene la película seleccionada, remite a otras producciones semejantes, catalogadas por género y estilo. Por ejemplo, yo no tuve suerte de encontrar nada de Norman McLaren (emparentado en propuesta con mi querido Jan Svankmajer). El fotograma que ilustra este post corresponde a "Vecinos" de McLaren, quien dijo: Empecé a tener visiones de algo al ritmo de la música, de formas que se movían. Luego me di cuenta de que quizás el cine fuera el medio para crear formas que se movieran según la música. Eso es lo que me llevó a la realización de películas. Cuando volví de China pensé que me interesaba hacer una película utilizando lo que yo llamaba “pixelación”. La idea de que dos vecinos empiezan siendo amigos, y de que poco a poco se van destruyendo el uno al otro. Se convierten en enemigos. Como dije antes, no hallé lo que buscaba, no obstante me saltó un mensaje donde me enteré de una compilación británica de avant-garde con películas de los años 30s, en que se incluye un corto de McLaren, “Hell Untld” (aquí en YouTube) junto al de otros autores que me han dado curiosidad: Compilation of British avant-garde films from the 1930s. Includes Len Lye's 'The Birth of the Robot', Norman McLaren's 'Hell Unltd', Arthur Elton and Edgar Anstey's 'Housing Problems', Basil Wright's 'Song of Ceylon', and Alberto Cavalcanti's 'Coal Face', as well as work by Richard Massingham, B. Vivian Braun, Humphrey Jennings, and the London Kino Group. Insistiré a menudo, tomándole el pulso a este “google” para cinéfilos. Provecho.
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lunes, febrero 16, 2009
MACABRA TERNURA
La última vez que me enamoré a primera vista fue de Javier Marías por Un corazón tan blanco. Uno de los pocos libros que releí con lápiz y papel. Una prosa maravillosa, volátil e inteligente. Íntima, ante todo. La segunda vez me ha ocurrido a finales del año pasado, mientras pensaba en reposar el almuerzo en una librería. Ya saben, entras, recorres con la vista los escaparates, coges un libro, lees los epígrafes, unas líneas del medio, preguntas por un imposible y sales sin comprar nada. Pero esa vez perdí. Me topé con Fleur Jaeggy vestida de negro, y me enamoré.
Terminé de leer Proleterka el pasado diciembre (Tusquets Editores, Colección Andanzas, 2004, 131 pág.) con la extraña sensación de haber leído una novela extensa y compleja, pese a sus pocas páginas. Una rara obra poética escrita en prosa. Hay quienes emparentan la poética de Jaeggy a la de Robert Walser, uno de mis imprescindibles. “A bordo del Proleterka, un barco de nombre eslavo y con una estrella roja en la chimenea manchada de óxido, un grupo de respetables turistas de habla alemana emprende un crucero hasta Grecia. Entre los pasajeros, un hombre, que cojea levemente, y su hija, que todavía no ha cumplido los dieciséis años. Padre e hija son dos completos extraños. Durante el viaje, la hija querrá saber mil cosas de esa persona de la cual todo lo ignora, pero además ansía descubrir algo que también desconoce: la vida en sí misma”. El viaje inicia con algunas escalas en el archipiélago griego, desencadenando también el recorrido por los abismos de la memoria. Una infancia plagada de insatisfacciones silenciadas. La tirantez de una relación filial casi por compromiso. La resignación de saberse hija de alguien incapacitado para la ternura. Una paternidad cuidando de no salirse del discurso. El descubrimiento de placeres corporales. Las mentiras y, las revelaciones. Ya pronto me había entusiasmado la enfermiza obsesión de Jaeggy (Zurich, 1940) por explorar los silencios que anteceden a la ruina. Esas tímidas manifestaciones de la conducta y del cuerpo, imperceptibles por instinto o timidez. Su mirada escéptica frente a los triunfos luminosos. El susurro como pasadizo de tensión. Sus mundos a punto de morir de asfixia, sin saberlo. Giros, los giros resultan casi deslumbrantes por su complementación con aquello que no se dijo, y que se pensaba imposible de decir. La vida misma, vuelta de revés, no tanto comprendida como asumida desde el pasado innegable. El odio nunca desbordado, sino, meticulosamente suministrado. Y todo ello, decantado con ritmo y gracia en una prosa de pocas palabras, cuya vocación es contar una historia.
Luego, con el corazón agitándome las ropas, decidí lanzarme en busca de Fleur Jaeggy, y para mi mal, estaba casada. Pero casada con un escritor que admiro mucho, Roberto Calasso, a quien le debo parte de mi entendimiento de Kafka por su libro K.. Persistí. Leí hace unos días El Temor del Cielo (Tusquets Editores, Colección Andanzas, 1998, 136 pág.), un libro de relatos con el que Jaeggy obtuvo el prestigioso Premio Moravia 1994, y volví a caer enamorado, aunque temeroso. Siete relatos que me permitieron comprobar lo que asomaba en Proleterka; lo justo hubiera sido decirlo al revés, por la cronología. Historias elaboradas por “una mente insidiosa y despiadada”: La criada de una casa duda si entregar en adopción su hija a una familia adinerada, para que su hija viva la vida que ella no vivió, o mantenerla a su lado, para que padezca lo que ella padeció. En un pequeño poblado, un matrimonio maduro pone a disposición una casa junto a la suya para que se alojen indigentes de todo tipo; una de las habitaciones queda disponible a la muerte de un desconocido, y es ocupada por una huapa muchacha que se prostituía en ella; el señor de la casa acudía también por las noches; la mujer se desentiende hasta que no soporta más. Dos gemelos de 18 años, abandonados en un orfanato cuando niños, son devueltos a una casa abandonada que les corresponde por herencia en un pueblo al borde de la extinción; crecen, se mantienen solteros, se aman, se hacen viejos, no comprenden nada de lo que no es posible comprender en un orfanato; ya ancianos, el Estado los vuelve a buscar para “protegerlos, tanto de la vejez como de la muerte", instalarlos en una casa de reposo, pero ellos no entienden de esas bondades, y lo hacen saber a su manera. Así, Fleur Jaeggy volvió a asombrarme con su macabra ternura, su exquisita indiferencia, su adorable pesimismo y más aún con esa forma suya de hacernos saber que siempre, siempre estaremos irremediablemente solos.
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Oscar Pita Grandi
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