8/09/11

NÉMESIS (Mondadori 2011, 207 pp)

CUANDO LA MALDAD BRILLA


Imagino lo difícil que debe ser llevar el mismo camino que el  terror, resistirse, padecerlo y sobrevivirlo sin elección, sufrir sus consecuencias o revelarse humanamente contra ellas pero nunca evitarlas porque es imposible. Némesis,  la reciente entrega de Philip Roth, a través del protagonista Bucky Castor, nos enfrenta vívidamente a una espantosa epidemia de polio en Newark con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo. Y es que uno de los mejores rasgos de esta novela es justamente lo palpable y amenazador que se hace “el camino” de la tragedia. Esto y la asombrosa claridad y concisión con que ha sido escrita.

9/03/11

Entrevista en LIBRERÍA PERÚ BLOG

Paisaje habitado / 
Oscar Pita Grandi / 

Auspicioso debut literario de Oscar Pita Grandi. Con Paisaje habitado, Pita Grandi ha creado una comunidad de italianos ubicada en las afueras de Lima.


¿Cuánto tiempo requirió la concepción de Paisaje habitado?
OPG: Poco más de tres años. El hecho de no ser una única historia ni tampoco de recorrido lineal, lo hacía más complicado para mí. La dificultad estaba en ponerle orden a esa confusión justamente cuando la confusión empezaba a enamorarme. Eso era en parte el atractivo. La escribí y la olvidé por un año para luego corregirla unos meses con menos arrepentimiento.
¿Cuáles crees que son las características más resaltantes de Ausonia como comunidad?
OPG: Toda sociedad es el reflejo de sus habitantes, y Ausonia no es diferente en este sentido. En ella reside el espíritu melancólico de quien deja el país natal, los amigos, el amor pero también el ímpetu y el carácter de quien tiene que abrirse paso en un país ajeno. También está lo oriundo, la mezcla, la contraposición de costumbres. No hay mejor manera de festejar lo suyo que casi traerlo tal cual donde uno vive. Ausonia intenta satisfacer esa fantasía en los inmigrantes: es una urbanización que parece remedar la arquitectura de Nápoles, o mejor dicho, de una Nápoles perdida en la memoria de los habitantes de Ausonia y claro, Ausonia no existe pero es ruinosa y exquisita a su manera.
¿Quiénes son tus referentes literarios?
OPG: Son varios. Incluso algunos que no he leído aún. Uno empieza a contagiarse de escritores que no ha leído directamente por medio de aquellos otros a quien uno sigue con vocación. Me gusta mucho la literatura en lengua alemana. Casi todo lo que leí en los noventas vino del Goethe-Institute. Esa biblioteca me cambió la vida. Descubrí a Robert Walser y lo idolatré desde la primera página. También me gusta mucho la literatura centroeuropea, del este y los países nórdicos: los húngaros, checos, noruegos… son tantos y tan buenos. Y claro, ese genio llamado Gombrowicz está en mi altar junto a Thomas Mann… Aunque el que me hizo escribir narrativa (no justamente esta novela) fue Cortazar conBestiario.
¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
OPG: Si te refieres a literatura, en verano sólo tomo apuntes. En otoño pienso sentarme a revisar notas del verano pasado… ya sabes, sólo por las noches. Tengo algunas páginas que me han gustado. Una novela que tengo la intensión de que sea breve, la historia de un grupo de personas que comparten, entre otros rasgos, un incidente catastrófico: el haber nacido el día de un sismo que casi trae a bajo media ciudad. Sé que hay algo ahí.
El autor nos cedió un fragmento de su obra. Pueden descargarla a través del siguiente link:

2/10/10

LOS INDESTRUCTIBLES (2010)

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Los que hemos crecido viendo Rambo, Comando, Soldado Universal y Rocky, películas que no requieren mayor presentación, algunas convertidas en sagas con el tiempo, no tenemos más que alegrarnos de ver a nuestros inmortales héroes reunidos, para bien o para mal, en una misma cinta: Stallone, Dolph Lundgren, Arnold Schwarzenegger. Claro, “el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos” diría Silvio Rodriguez. Y si a esta pandilla le agregamos un ramillete de rudeza y chispa contemporánea formado por Jet Li, Jason Statham, Mickey Rourke y Amin Joseph lo que resulta es un cóctel sumamente explosivo llamado The Expendables; es decir (y me gusta más la traducción literal porque les hace justicia) “Los Dispensables” y no como los han llamado en Perú (“Los Indestructibles”) y en España (“Los Mercenarios”). Para seguir leyendo la reseña, entra aquí.

28/09/10

CONTRACORRIENTE (2009)

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Una de las atracciones del Festival de Lima 2010, fue la ópera prima del peruano Fuentes-León: Contracorriente. A pesar de no haber terminado de convencer a la crítica especializada, supo llegar al verdadero corazón del festival: el público; quien la premió como su favorita. La belleza y soledad de Cabo Blanco, en la costa norte peruana, es el escenario para un drama personal que pone a prueba lo colectivo. Santiago (bien personificado por Manolo Cardona) es un joven pintor acomodado que llega a vivir al pueblo, y mantiene una relación homosexual con Miguel (Cristian Mercado), un joven pescador local casado con Mariela (Tatiana Astengo), pronto a convertirse en padre por vez primera. Pero además hay un cuarto protagonista: el pueblo. (Para seguir leyendo, ingresa aquí)

1/07/10

VILA-MATAS EN LIMA


Una cita absolutamente literaria (a lo Walser, a lo Bartleby, Oh, dios...) e imperdible por decir lo menos. El creador de "El viaje vertical", "El mal de Montano" y "Doctor Pasavento" entre otras, conversará con nosotros en la presentación de su reciente novela "Dublinesca" (ya en librerías limeñas a S/. 62). Los dejo con la nota: 


7 de julio, Lima (PERÚ)
Auditorio Centro Cultural de España de Lima, 7:30 pm
En el marco de Semana de Autor
Conversando con Enrique Vila-Matas
"El escritor y blogger Gabriel Ruiz Ortega dialogará con Enrique Vila-Matas sobre su esperada nueva novela Dublinesca".

Sobre DUBLINESCA:

“Una novela única en un escritor siempre sorprendente y desconcertante y el que más ha contribuido, con Javier Marías, a inaugurar nuestra “modernidad”, a crear una nueva voz narrativa, a integrarnos a otras literaturas y a salir de nuestra peor maldición, el casticismo”
“Una novela que, como el Ulises de Joyce, es una nostalgia de lo no vivido y una magnífica epopeya de la vida cotidiana”
Juan Antonio Masoliver Ródenas (La Vanguardia)

“El libro más personal de Vila-Matas, en el que la parodia revela los más profundos sentimientos del escritor hacia los padres, la esposa recuperada, la amistad y la literatura, con una escritura que nos acompaña como una melodía. El libro de la década”
JAMR, La Vanguardia, 21 abril 2010

“Dublinesca es como una destilación de todo lo que ha ido construyendo su autor a lo largo de una de las trayectorias más originales de la narrativa española de las últimas dos décadas. Sentido y meditado homenaje crepuscular a una ciudad, a la literatura y a algunos de los que exploraron sus límites (Joyce, Beckett), y elegiaco homenaje a un mundo que se acaba”

Manuel Rodríguez Rivero (El País)

“Uno de los más redondos héroes del modernism narrativo que hayan dado nuestras letras. Dublinesca es una excelente novela, la más ambiciosa y mejor de Enrique Vila-Matas”
Santos Sanz Villanueva (El Mundo)

“El más singular, arriesgado y novedoso de cuantos proyectos narrativos se han puesto en pie en España en los últimos tres decenios, ha alcanzado su cénit. Porque eso es, en definitiva, la última novela de Enrique Vila-Matas: el cénit, la cumbre de su obra”
J. Albacete (De Verdad Digital)

“Espléndida historia, con la que creo que Enrique Vila-Matas ha dado la novela de su vida”
José María Pozuelo Yvancos (ABC)

19/05/10

¿La Literatura progresa?

fotografía de Mariano Tagle Calderón


En un extenso artículo aparecido en The New Yorker el pasado mes de marzo,“Keeping it real”, el crítico norteamericano James Wood toma como pretexto la última novela de Chang-Rae Lee (Korea 1965) “The Surrendered”, para explayarse en torno al avance de la literatura luego de tildarla de “convencional”. Wood también aseveró: la novela más original de Lee es todavía su primera, “En lengua materna” (“Native Speaker”, 1995), publicada cuando el autor tenía apenas veintinueve años. No posee ninguna audacia formal o lingüística ­­-ninguna de sus obras la tiene-, pero su contenido muestra un mesurado vanguardismo, ya que era una de las primeras obras de ficción escrita por un coreano que señalaba, con sutileza y perspicacia, la difícil experiencia de separación que atraviesan los inmigrantes.

A continuación, un didáctico fragmento en mi propia traducción del “ensayo” de Wood que antecede a la crítica de “The Surrendered”, donde cuestiona el avance de la literatura versus lo tradicional.


“¿La literatura progresa, como la medicina o la ingeniería? Nabokov parece haberlo pensado, y ha dado a notar que Tolstoi, a diferencia de Homero, fue capaz de describir el nacimiento de un niño valiéndose de convincentes detalles. Todavía usted podría sostener un opuesto punto de vista; después de todo, ningún novelista acusa al lector moderno como más Homérico que Tolstoi. Y Homero menciona a la esposa de Héctor, quien tiene un baño caliente listo para su marido después de un largo día de guerra. Quizás es bastante absurdo hablar del progreso en la literatura como del progreso en la electricidad - ambos son recursos naturales que esperan diferentes formas de activación. La novela es peculiar en este aspecto, porque mientras que alguien que pinta hoy en día exactamente como Courbet, o realiza una composición musical exactamente como Brahms, podría ser considerado como un fraude o un falsificador, abundante ficción contemporánea toma prestadas las normas y convenciones – de la gramática básica narrativa- de Flaubert o Balzac sin alteraciones esenciales.


"Por gramática me refiero al perezoso “stock en fábrica” de la reinante ficción realista: paneo cinematográfico, seguido por una selección de pequeños detalles comunicativos ("Era una habitación grande, casi completamente llena por filas de computadoras antiguas; había un divido olor a loción de afeitar y tocino"); la mezcla cuidadosa de los habituales detalles que otorgan movimiento ("En uno de los ordenadores, un hombre lentamente comía un enrollado primavera; el ruido del tráfico atravesó las gruesas, selladas ventanas; una ambulancia pasó aullando); la preferencia de lo concreto sobre lo abstracto ("Ella tenía veintinueve años, pero todavía iba temprano cada tarde a casa, al departamento con jardín de su mamá en Queens, que usaban en el día como estudio de yoga."); la vívida brevedad en el dibujo de los personajes ("Bob llevó una camiseta amarillo fosforescente donde se leía 'Got Beer?' y tenía un pequeño lunar sobre el labio superior"); un montón de “relleno” casero ("Ella ordenó una cerveza y un emparedado, se sentó en la mesa, y abrió su ordenador"); más o menos ordenado el acceso al pensamiento y la memoria (“Se acostó en la cama y pensó con vergüenza en todo lo que había ocurrido ese día”); frases lúcidas pero tendiendo al lirismo (“Desde la ventana, vio el destello de las farolas, en vacilaciones ámbar”). Y esto otro ni siquiera provoca un leve cambio en la narrativa de ficción: díganme si no es extraño que miles de novelas se publican cada año, en la que todos los personajes tienen nombres diferentes (mientras que, en la vida real, ¿no siempre se tienen al menos tres amigos llamados John, y otras tres llamadas Elizabeth?), o que los personajes con curiosidad "levantan una ceja", y con ira "fruncen el ceño", o simplemente se expresan entre comillas y adverbios singulares ( " "Usted sabe que no es justo", dijo, Whiningly. "). En este nivel de lo tradicional, hay una distancia más corta de lo que cabría imaginar entre las novelas, digamos, “Harriet the Spy” and “Disgrace.”


"No obstante lo difícil que es determinar si la novela puede realmente progresar, es muy fácil darse cuenta que sí se puede congelar, que ciertas maneras novelescas progresan constantemente de un modo más convencional, y pierden así parte de su originalidad, acaso una de sus fortalezas. El teórico literario francés Roland Barthes llamó a este fenómeno "el efecto de realidad." (the reality effect). Barthes se refería específicamente a los detalles de la ficción (ver arriba, el tipo que pretende ser tranquilamente "irrelevante", como el lunar de Bob, en uno de mis ejemplos hipotéticos); su mayor argumento, hecho en otra parte de su obra, fue que la ficción realista, como las ideologías, intenta autoproclamarse como la más natural y real de las modas literarias, cuando en realidad es la más artificial e irreal. Barthes tiene razón en un 99%. Dicho acierto es notado a diario por cualquier novelista que se sienta frente a un pedazo de papel en blanco o una pantalla de ordenador e intenta, desesperado, pensar más allá de la gramática narrativa casera. ¡Toda esta tonta maquinaria de planear y conseguir un ritmo, el entramado de los capítulos y párrafos, aquella doxología del diálogo y la caracterización! ¿Quién no quiere que esto explote, hacer algo verdaderamente nuevo, y despertar así la implicación dormida en la palabra "novela"? La vanguardia anti-realista probablemente incurrió en el error de suponer que los novelistas realistas son complacientes y banales al reciclar lo tradicional; mi experiencia es que muchos novelistas inteligentes son dolorosamente conscientes de sus medios de expectación, de sus limitaciones, cohibiciones e incertidumbres, y miran con cierta admiración a escritores raros como Beckett o Saramago o Bernhard o David Foster Wallace, que parecen haber descubierto nuevos lenguajes de ficción. Con demasiada frecuencia, los novelistas tradicionales se encuentran produciendo una versión de lo que el crítico de arte Harold Rosenberg llamó, hace unos cincuenta años, "kitsch"; es decir, siguen las normas establecidas en una época cuando los artistas están justamente cuestionando dichas normas establecidas.


"Sin embargo, Roland Barthes está 1% equivocado; y, como el 1% que nos separa de los chimpancés genéticamente, la pequeña equivocación de Barthes es bastante grande. Lo convencional puede ser aburrido pero no es cierto que lo sea simplemente porque es tradicional. La gente miente en la cama y suele avergonzarse al pensar en todo lo que ha sucedido durante el día (al menos, yo), o pide una cerveza y un bocadillo y abren sus ordenadores, entran y salen de sus habitaciones, hablan con otras personas (y, a veces, de hecho, se sienten como si estuvieran hablando entre comillas), y sus vidas poseen más o menos los mismos elementos tradicionales de diseño y ritmo, de suspense, revelación y epifanía. Probablemente hay más coincidencias en la vida real que en la ficción. Decir "Te amo" es algo bastante común, pero no es, entonces, necesariamente una mentira. Toda la vida es tradicional en diversas formas, como la narración; posmodernos tan diferentes como Thomas Pynchon y Steven Millhauser utilizan muchos elementos de la narrativa tradicional (a veces como parodia, y a veces no)."


Traducido de:

http://www.newyorker.com/arts/critics/atlarge/2010/03/15/100315crat_atlarge_wood

9/03/10

Le Mépris

Brigitte Bardot como Camille


Recuerdo bastante bien esa película.

“El Desprecio”, como la dieron a conocer en castellano en 1963, fue una de las más esperadas por mí. Yo no estaba enamorado entonces pero creía estarlo del ideal del Amor, y por eso mismo le temía a mis sentimientos. Me intrigaban y atraían por igual los dramas de pareja: ¿Hasta cuándo se puede amar sin renunciar a la propia felicidad? Y si consiguiésemos cierta felicidad en aquella renuncia, ¿todavía hablaríamos de amor? ¿El amor conyugal finalmente requiere dosis de egoísmo compartido? ¿En qué se convierte la impotencia de no alcanzar la felicidad soñada? ¿Y las infidelidades? Tenía la sensación de que el amor era una prueba de resistencia; una prueba que no requería tanto el esfuerzo propio como el ajeno cuando es uno quien está seguro de que ama… Aquella seguridad haría inevitable empantanarse intentando salvar lo mutuo, sentirse morir intentando evitar que se hunda por siempre y desaparezca ante nuestros ojos con una porción nuestra; y con el tiempo, quizás sea inevitable rechazar lo construido con más odio que razón cuando alguna vez el otro estorbe…, aunque sería preferible abrazarle aún pero con dudas y rencores pues la soledad suele ser peor… ella, la soledad, decide primero y mejor aunque se equivoque; sería inevitable además quedarse con el recuerdo no tanto de aquel amor como del esfuerzo, la fatiga y dedicación que éste nos exigiera y por tanto, quizás recomendable, el empezar a arrepentirse pero con lentitud de algunos actos y pensamientos nuestros, entre buenos y malos, sería absolutamente natural… tanto como volver la mirada, e intentar reparar aquello que pudiera ser reparado, y continuar hacia adelante porque finalmente el amor es inevitable.

Había leído el libro de Moravia bastante antes. La profundidad sicológica de la novela me había tocado. Por eso “Le Mépris” fue para mí todo un acontecimiento; mis ideas en la pantalla grande y no tan solo silbando entre los pasadizos de mi cabeza. Además de Brigitte Bardot en el reparto, estaba la presencia portentosa e intimidante de Jack Palance y la exposición ante cámaras del famoso director alemán Fritz Lange, con monóculo incluido, interpretando el papel de lo que él era en realidad, un director de cine. Godard había conseguido introducirnos en el corazón de una crisis conyugal mientras reflexionaba sobre la realización cinematográfica. No quise ni quiero preguntarme qué hubiera extrañado Moravia de su libro en la película. Tampoco lo sé. Aunque una vez jugué a que era yo el viejo Moravia; así, mientras encendía un cigarro a la salida del estreno y me cruzaban entusiastas parejas tomadas del brazo, me oía a mí mismo decir pero con la voz de Moravia, una voz tan inventada como mi cigarro y las parejas que salían del cine, que ese Jack Palance era demasiado rudo y vanidoso en su papel de magnate seductor como productor de películas de Hollywood, pretendiendo los encantos de Camille…, aquí di una fuerte calada a mi cigarro imaginario para rematar, con nube de humo en medio, que mejor lo hubiesen dejado junto a John Wayne con una pajilla en los labios en lugar de vestirlo con blancos trajes de seda; en cambio sí reconocía a mi original Ricardo en el empedernido fumador Michel Piccoli, afrancesado bajo el nombre de Paul, aunque nunca imaginé en mis páginas a una Emilia tan bella como Camille. Pero volviendo en mí, conociendo mi debilidad por lo que va creciendo libre y sin intenciones mientras se tienen las manos y la cabeza ocupadas en un objetivo determinado, poder ver cómo se hacía cine dentro de una película fue una experiencia estimulante para mis propósitos, y quizás justamente porque lo que se hizo dentro de “Le Mépris” mientras se pensaba hacer cine fue algo bastante distinto de una película, aunque fuera cine al final. Sobre esto tendríamos una larga charla Nebbia y yo a los pocos años de casados, el cine dentro del cine, la vida dentro de la vida, la muerte dentro de la muerte, lo otro dentro de lo otro a propósito de Fellini y “Ocho y medio” si mal no recuerdo. Pero de momento, y me refiero al momento en que había terminado de ver en el cine-club “Il disprezzo” de Moravia adaptada por Godard, (un Godard bastante distinto, digamos, al que luego me mostrase Nebbia en “Alphaville”) me había quedado a la salida de aquella función con una vieja interrogante moraviana aún sin resolver: ¿hasta cuándo se puede amar sin renunciar a la propia felicidad?